En el tele, de fondo, Los Sopranos.
Escribo tipografías en un cuaderno.
Escucho unos aplausos afuera. Me acerco a la puerta, mejor dicho, a la ventana que está al lado de la pueta, miro a través de la persiana americana, un señor de traje, con una bicicleta y un libro negro en la mano.
Abro la ventanita de la puerta, y comienza: "-Quería compartir estas lineas, a ver qué le parece, porque estamos intentando acercar a la gente el pensamiento..."; y a partir de ahí dejé de escuchar y sucedió todo en cámara lenta, con sonido de silencio ambiente de fondo y una voz que decía algo pero que me resultaba imposible seguir, me costaba mucho volver a concentrarme en las palabras, en le discurso, monótono por repetido, de esos que se dicen tantas veces que pierden sentido para uno mismo. El tipo leía con la Biblia apuntándome a mi, y levantaba la mirada hacia mi ventanita, cual conductor de tele intentando mostrar "un algo" a cámara 1 y preguntando al director si "¿ahí se ve?".
Cuando estaba llegando al final de la lectura comencé a oirlo de nuevo, a comprender lo que enunciaba, a escuchar palabras con sentido y el sonido ambiente a silencio mezclado con bullicio se fue en fade out. En ese momento aparta la vista del libro y mirándome vuelve a decir en el mismo tono con el que arrancó y con el mismo tono que leyó: "-Entonces, a partir de esto queríamos saber qué opinaba al respecto o qué le parecía..." (y dijo algo más pero empecé a elaborar una respuesta y dejé de escuchar de nuevo).
"-Pienso que lo que leíste está sacado de contexto y que no vamos a analizarlo ahora, y te dejo porque estoy ocupado, gracias igualmente."
Sonrió, y agradeció, prometiendo un encuentro en una futura oportunidad para discutir esto que tantas veces gusta predicar.
Y me pregunto si en la casa del vecino habrá leído el mismo párrafo o es un loco e improvisa en el momento.


